Sopa de calabaza bebe cremosa servida en copas, lista en sencillos 30 minutos, opción baja en grasa

La suavidad del otoño y el invierno se esconde en una copa de sopa de calabaza caliente. Su pequeño formato en copa encaja perfectamente para disfrutar en solitario y también puede servirse como aperitivo elegante para un almuerzo familiar; con una textura densa y sedosa, el aroma a lácteos envuelve el dulzor natural de la calabaza bebe, reconfortando el estómago y elevando el ánimo. Esta sopa de calabaza es muy fácil de preparar y es uno de los aperitivos de otoño más populares (pumpkin soup shooters).

Para preparar esta sopa de calabaza en copas no necesitas ningún ingrediente complicado. Elige una calabaza bebe bien dulce y acompáñala con un poco de cebolla, leche y un trozo de mantequilla, sazonando con sal y pimienta negra: con ingredientes sencillos se consigue un sabor extraordinario. Si prefieres una opción baja en grasa, sustituye la mantequilla por aceite de oliva, ligera y sin culpa.

Primero pela y quita las semillas a la calabaza y córtala en trozos, y pica la cebolla en dados pequeños. Derrite la mantequilla a fuego bajo, sofríe la cebolla hasta que esté tierna y perfumada, añade los trozos de calabaza y un poco de agua y deja cocer diez minutos, hasta que la calabaza esté tierna y haya absorbido el sabor. Después, vierte todos los ingredientes en la licuadora, añade la leche y tritura hasta obtener una mezcla fina sin grumos. Vuelve a verterla en la olla, calienta a fuego bajo y sazona; es importante que no hierva para conservar al máximo su sabor cremoso.

Reparte la sopa de calabaza ya cocida en copas, deja caer unas gotas de nata en la superficie y traza suavemente un remolino con un palillo; decora con unas semillas de calabaza y la presentación quedará espectacular. Si la pasas por un colador, la textura será aún más sedosa y fina.

Sin azúcares añadidos, todo el dulzor procede de la propia calabaza bebe, con una entrada rica y suave. Una copa por la mañana para empezar el día con calma y otra al atardecer para reconfortar la rutina agotadora: una pequeñísima copa llena de la cálida vida cotidiana tan especial del otoño y el invierno.